Manejo de Dolor en Lecherías

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El manejo del dolor en las lecherías ha tomado real importancia por la apertura de los procesos productivos a los consumidores, quienes requieren altas exigencias sanitarias asociadas con tratos humanitarios para los animales. El consumidor actual está cada vez más informado al momento de tomar una decisión al momento de elegir un alimento y está dispuesto a pagar un poco más por productos que en su cadena productiva consideren este tipo de temas.

Estos nuevos requerimientos de los consumidores son abordados por diferentes leyes como por ejemplo la Ley 20380, específicamente el decreto 29 Artículo 7 que indica “Todo manejo, como la castración, descorne, despalme, corte de cola, algunas técnicas de identificación y corte de pico, entre otras, deberán efectuarse de manera tal que minimice el dolor o sufrimiento animal”.

El dolor, que se hace mención, puede ser definido como una experiencia individual, generalmente desagradable e incómoda. Es por esta razón, que no podemos extrapolar experiencias propias a los demás ya que otra persona puede sentir más o menos dolor frente al mismo evento. Por ejemplo, si nos cortamos en un dedo, podemos gritar, gesticular y pedir ayuda; es posible que, si la misma situación la experimenta otra persona, no tenga la misma reacción y percepción de dolor que se sentimos en ese momento.

En cuanto a las vacas, ellas no tienen la facultad de decir que les duele algo, o expresar de alguna manera “clara y sencilla” como los humanos u otras especies y es por eso que es común pensar en que los bovinos tienen mayor tolerancia al dolor, o que simplemente no les duele algún manejo o enfermedad. Sin embargo, y como decíamos anteriormente, el dolor es una experiencia y no tiene relación solo con las expresiones corporales.

Para comprender el cuándo sienten y cuánto dolor experimentan nuestras vacas se han empleado varios métodos, los más simples son, medir la frecuencia de los latidos del corazón (aumenta cuando sienten dolor y estrés) y medir algunas sustancias en la sangre como es el cortisol, que indica el estrés del animal. Estos parámetros nos indican que las vacas, al igual que nosotros se estresan, sienten y sufren ante procesos dolorosos, lo que tiene repercusión en la producción, como por ejemplo en la disminución de volumen de leche, bajo consumo de alimento y disminución de peso.

Generalmente, para los productores de leche el manejo del dolor no ha sido una preocupación y se le ha dado una importancia secundaria al momento de la aplicación de tratamientos y manejo dentro del campo. Sin embargo, diferentes estudios han demostrado que el manejo del dolor previene eliminaciones involuntarias y mejora la producción a corto y largo plazo. Un ejemplo es el que se ha descrito en vacas que sufren de mastitis clínica y su recuperación es más rápida cuando el tema del dolor es abordado.

En vacas que no se ha controlado el dolor, existe una mayor probabilidad de ser eliminadas y sus días abiertos son mayores lo que influye directamente en la rentabilidad del negocio lechero. Además, según Coetzee et al (2012) terneras que son tratadas con analgésicos y anestésicos al momento del descorne tienen mayores tasas de crecimiento y menores índices de estrés.

Para entender mejor el concepto de dolor es preferible separar dos tipos de dolor:

1. Nociceptivo: es un dolor protectivo, se presenta de forma aguda (no dura mucho tiempo). Una característica es que remite con el cese de la injuria. Por ejemplo, si nos hacemos una herida, ésta al momento de sanar, el dolor pasa también.

2. Neuropático: es un dolor más bien crónico, que se mantiene en el tiempo y que está relacionado con un daño a nivel del sistema nervioso (ej. compresión, sección de un nervio). Un ejemplo común es la compresión del ciático.

Por esta razón, el manejo del dolor resulta importante al momento de considerar una terapia o manejo en el predio. El primer paso es identificar cuáles son los principales procesos o manejos dolorosos dentro del predio y de esa manera poder actuar para minimizarlos, para esto los vamos a clasificar como:

1. Predictivos: Son aquellos procesos que son planificados, como el parto, las castraciones y el descorne en las terneras. Estos manejos suman el estrés de la manipulación humana (cambios de corral, paso por la manga y tijera, etc.) y el dolor del procedimiento que realizamos. La ventaja de estos procedimientos dolorosos, es que se pueden manejar las condiciones en las cuales se realizan y de esa manera minimizar las consecuencias indeseables. Por ejemplo, en el caso del descorne de las terneras, el objetivo es reducir el impacto a los animales aplicando anestésicos y/o analgésicos lo que mitigará la disminución del consumo de alimento y aumento de enfermedades producidas por la baja inmunitaria debido al estrés que se genera por este manejo.

2. No predictivos: Son procesos dolorosos inesperados, que no se pueden controlar ni individualizar cuáles animales lo van a sufrir. Los más comunes son las mastitis y cojeras. Ambos son procesos muy dolorosos e intensos y producen grandes pérdidas por la disminución de volumen de leche, aumento de leche de descarte y eliminación temprana de vacas.

Teniendo en consideración lo mencionando anteriormente, es decir los tipos de dolor y sus presentaciones, existen algunas alternativas para prevenir y controlar el dolor de manera de evitar las pérdidas económicas que se pueden presentar asociados a procesos dolorosos:

1. Evitar los procedimientos dolorosos:

  1. Arreglar caminos y mantener instalaciones en buenas condiciones para evitar cojeras y lesiones.
  2. Mantener una buena rutina de ordeño, y condiciones de higiene en el predio para evitar mastitis c. Elegir razas sin cachos

2. Minimizar el dolor

  1. Aplicación de analgesia antes del parto, cojeras, en casos de mastitis y antes de manejos dolorosos como el descorne y castración de los machos.
  2. Realizar procedimientos dolorosos como el descorne y castración de machos a la menor edad posible.
  3. Si no se puede evitar los manejos dolorosos estos se deben realizar con personal capacitado y con las herramientas correctas.

El uso de analgésicos y anestésicos tiene que ser controlado por su médico veterinario y debe considerar el tiempo de acción del fármaco, la vía de administración y sobretodo el periodo de resguardo.

Referencias
Coetzee et al BMC Veterinary Research 2012, 8:153