Los objetivos de toda sala de ordeña en un predio lechero, pueden resumirse básicamente en cuatro puntos: maximizar el rendimiento de la glándula mamaria, en relación al volumen y composición de su leche, ordeña breve; con la intención de que los animales pasen el menor tiempo posible en la sala; prevenir el daño de ubre y pezones, ya que cualquier alteración en estos tejidos puede comprometer el rendimiento, y, por último; la obtención de un producto de buena calidad microbiológica, puesto de que se trata de la recolección de un alimento, el cual siempre debe ser de la mejor calidad posible (Jones 2009).

En ese sentido, la contribución del equipo de ordeña en la incidencia de infecciones intramamarias (IIM) a menudo está subvalorada. Según reporta la literatura, los efectos del equipo de ordeña usualmente suelen ser menos relevantes que otros factores, tales como, la rutina de ordeña, manejos del rebaño y las características anatómicas de los pezones y conductuales de las vacas. Sin embargo, la glándula mamaria está expuesta a poderosas fuerzas físicas, las cuales son aplicadas a través del equipo de ordeña durante 4-10 minutos, 1 a 3 veces al día, pudiendo exacerbar cualquier infección intramamaria que se encuentre en curso y propiciar el desarrollo de nuevas infecciones (Mein 2012).

De acuerdo a la National Mastitis Council (1996), existen 4 vías mediante las cuales el equipo de ordeña puede estar involucrado en el desarrollo de mastitis:

1) FACILITANDO LA TRANSMISIÓN DE BACTERIAS PATÓGENAS ENTRE VACAS Y/O CUARTOS DURANTE EL ORDEÑO

El ordeño ofrece múltiples oportunidades para que los microorganismos sean transmitidos entre vacas y/o entre cuartos. Estas infecciones cruzadas pueden significar hasta un 40% de las IIM en un rebaño. Malas prácticas de ordeño, entre ellas, el uso de una toalla común para el secado de los pezones o el no realizar un adecuado despunte, aumentan el grado de contaminación y diseminación de bacterias. 

En efecto, se ha demostrado que las IIM resultan ser mayores en aquellas vacas que ya cuentan con uno o más cuartos infectados. Durante la extracción de leche, las fluctuaciones de vacío en el colector de la unidad de ordeño, resultan en el movimiento de leche entre pezoneras (Figura 1). Estudios ultrasonográficos han demostrado que cerca de un tercio del volumen de leche presente en la cisterna del pezón, es bombeado de vuelta hacia la cisterna de la ubre justo un momento antes de que la pezonera comience a cerrarse. Por lo tanto, cuando una vaca posee uno o más cuartos afectados, el proceso de ordeña facilita la transferencia de microorganismos hacia los pezones de cuartos sanos (Mein 2012).

Figura 1: Contaminación cruzada de cuartos por medio de la mezcla de leche en el colector

2) AYUDANDO A LA MULTIPLICACIÓN DE MICROORGANISMOS EN LA PUNTA DEL PEZÓN

El factor que tiene mayor influencia sobre las IIM, es la exposición del esfínter y conducto del pezón a microorganismos patógenos. En ese sentido, el equipo de ordeña puede influir y favorecer la contaminación de la punta del pezón a través de la modificación de la integridad de este, permitiendo que la invasión de las bacterias ocurra más fácilmente. El desarrollo de lesiones, tales como hiperqueratosis (Figura 2A), hemorragias petequiales, agrietamiento y formación de anillos en la base de los pezones (Figura 2B), han sido señaladas como consecuencias de equipos de ordeña que operan inapropiadamente. Estas anormalidades de la piel, facilitan la colonización de bacterias patógenas pudiendo traer consigo IIM y, por ende, un aumento en los recuentos de células somáticas del rebaño.

Un grupo de expertos de la International Dairy Federation (1987), señalaron que prácticas como el sobreordeño, altos niveles de vacío y una falla en el sistema de pulsación, pueden repercutir en un aumento de las IIM. Estudios apoyan que, si la pulsación es adecuada, las IIM permanecen bajas a pesar de la ejecución de ciertas malas prácticas de ordeño, destacando la importancia del sistema de pulsación en la salud mamaria. En ese sentido, una pulsación efectiva es lograda cuando las acciones combinadas entre el pulsador y las pezoneras, proveen un adecuado tiempo de ordeño/masaje en el pezón, logrando una óptima tasa de flujo de leche y cambios mínimos del tejido después del ordeño (Mein 2012). A inicio de los años 90, se pensaba que esto solo era válido para los patógenos contagiosos, tales como Staphylococcus aureus o Streptococcus agalactiae, no obstante, Jane Lacy-Hulbert (1998) fue la primera investigadora en demostrar que una falla en el equipo de ordeña traía consigo un mayor riesgo de desarrollar IIM por Streptococcus uberis, importante bacteria medioambiental.

Figura 2: Lesiones provocadas por el mal funcionamiento del equipo de ordeño

3) INCREMENTANDO LA PENETRACIÓN BACTERIANA A TRAVÉS DEL CONDUCTO DEL PEZÓN

El mecanismo de “impacto” es un término utilizado para describir un rápido movimiento de pequeñas gotas de leche desde los tubos cortos de leche hacia el esfínter del pezón. Este fenómeno se produce cuando existen fluctuaciones de vacío como consecuencia de ingresos imprevistos de aire atmosférico en el sistema de vacío.

 Factores inherentes al equipo de ordeña, tales como una baja capacidad de la bomba de vacío, un mal funcionamiento del regulador de vacío y líneas de leche mal dimensionadas, no son capaces por si solos de generar esta condición. Por lo tanto, se requiere de ciertos elementos propios del proceso de ordeño que permitan el deslizamiento de pezoneras (Figura 3). Entre ellos, una inadecuada manipulación de los pezones, incorrecto reajuste de pezoneras, unidades que se caen cerca del término del ordeño y el retiro de la unidad sin el cierre previo de la válvula de corte. Estas condiciones permiten generar un diferencial de presión transitorio dentro del colector, capaz de movilizar gotas de leche a velocidades mayores a 2 m/s, velocidad requerida para vencer las barreras físicas de la punta del pezón (Mein 2012).

Figura 3: Deslizamiento de pezonera (cuarto anterior izquierdo)

4) MODIFICANDO EL PEZÓN O EL AMBIENTE INTRAMAMARIO PARA FAVORECER LA INFECCIÓN BACTERIANA 

El trauma de las membranas mucosas que recubren la cisterna del pezón, a través de las fuerzas ejercidas por medio del equipo de ordeña, puede proporcionar un entorno favorable para la invasión y multiplicación bacteriana. En ese sentido, la apertura y cierre cíclico de las pezoneras promueven la ruptura y fraccionamiento de las capas de queratina dentro del conducto del pezón. La queratina, corresponde a una proteína estructural que compone la piel y el revestimiento de este conducto, formando parte de los mecanismos de defensa innatos de la vaca. Estudios indican que la renovación constante de la queratina es deseable, siempre y cuando se realice de manera equilibrada (40%), ya que un alto número de células inmaduras, así como también, células con un alto grado de madurez, impiden la correcta captura y exposición de microorganismos. Por otra parte, el dolor local puede provocar respuestas neurohormonales que suprimen la función inmune y aumentan la probabilidad de desarrollar un cuadro de mastitis, además de interferir con la eyección o “bajada” de la leche (Jones 2009, Mein 2012). 

En resumen, las infecciones intramamarias en un rebaño lechero son de carácter multifactorial, donde cerca del 10-20% pueden ser atribuidas al equipo de ordeña. Por ello, resulta sumamente relevante contar con mantenciones regulares que permitan controlar y garantizar, el correcto funcionamiento de los distintos componentes del equipo de ordeña, en pro de evitar las IIM y mantener bajo control los recuentos de células somáticas del rebaño. 

Referencias

International Dairy Federation. Machine milking factors affecting mastitis: a literature review. Bulletin 215, Machine Milking and Mastitis, 1987. p. 2–32.

Jones G.M. 2009. The Role of Milking Equipment in Mastitis. VCE, Pp. 404-742.

Lacy-Hulbert J. Physical characteristics of the teat canal and the relationship with infection. In: Proceedings of the 37th annual meeting of the National Mastitis Council; 1998. p. 54–61.

Mein G.A. 2012. The Role of the Milking Machine in Mastitis Control. Vet Clin Food Anim, 28, 307-320.

National Mastitis Council. 1996. Current Concepts of Bovine Mastitis. 4th ed., Madison, WI.