La intensificación que han sufrido los sistemas productivos lecheros a través del tiempo se caracteriza por promover un mayor control sobre el manejo y producción, con ello se ha logrado obtener el máximo productivo de los animales, pero por otra parte se han aumentado los problemas de salud y bienestar de las vacas lecheras (Ito 2009). Cuando consideramos el bienestar de los animales como parte de los sistemas productivos, una manera de medirlo es tomar en cuenta la calidad de vida de los mismos, para ello podemos hacernos las siguientes preguntas que nos podrían servir de guía: ¿está el animal produciendo adecuadamente? (función biológica), ¿el animal se siente bien? (estado emocional), ¿el animal es capaz de expresar su conducta en forma natural? (Fraser y col, 1997). Un ejemplo concreto aplicado a una situación real sobre las preguntas antes mencionadas podría ser explicado con la siguiente situación: una vaca estabulada (modificación del hábitat natural) puede iniciar una cojera (compromiso de la función bilógica) causando discomfort y dolor afectando su estado emocional (Von keyserlingk y col, 2009). Es en ese conjunto de factores donde debemos trabajar para lograr el equilibrio en función del animal y el sistema productivo en que se encuentra, asegurando de esta manera una producción óptima con calidad ética.

En Chile encontramos dos tipos de sistemas productivos lecheros, pastoreo, característico del sur del país, por el tipo de clima y praderas permanentes (Balocchi y col 2002) y sistemas con estabulación, más frecuentes en la zona central y norte del país. Desde el punto de vista de los animales, los sistemas pastoriles, son considerados como un ambiente natural para las vacas ya que les permite expresar el comportamiento natural de la especie, además de proporcionar a los animales un amplio espacio para echarse y estirarse cuando así lo deseen (Krohn y Munksgaard 1993). Sin embargo, la selección genética que se ha realizado en los animales destinados a lechería, muchas veces ha dado lugar a la selección de vacas con un potencial genético más elevado en la producción de leche, lo cual demanda mayores requisitos nutricionales (Webster 1994), lo anterior se traduce en aumento de las demandas nutricionales, que no siempre son logradas sólo con el simple pastoreo. En este sentido el ganado en pastoreo puede llegar a experimentar hambre y perder condición corporal con el fin de cumplir con las demandas productivas cuando no existe suplementación adecuada (Kristensen y col 2007). Es sabido que las vacas a pastoreo tienen menor peso y producen menos leche que las vacas estabuladas, lo que está directamente relacionado con el consumo de alimento (Hernandez-Mendo y col 2007). Un estudio encontró que vacas que tuvieron la opción de pastorear redujeron el consumo de materia seca en un 14% comparado a aquellas vacas que se mantuvieron estabuladas. Sin embargo, desde el punto de vista de la interacción con sus pares, las vacas a pastoreo presentan mayores beneficios sociales, tales como el comportamiento de forrajeo (Krohn 1994).

Cuando hablamos de vacas estabuladas, lo primero que debemos tener presente es que se modifica el entorno natural de las mismas, las cuales muchas veces pasan confinadas por semanas o meses en un galpón de diversos materiales y dimensiones (Krohn 1994). A pesar de ello, la estabulación también proporciona beneficios, como mayor control sobre la ingesta de alimento y aumento de la tasa de consumo, lo cual reduce los tiempos de alimentación y permite a su vez dejar más tiempo para que las vacas realicen comportamientos prioritarios como descansar y rumiar (Charlton y col 2011).

Los sistemas estabulados pueden ser variados en infraestructura, tamaño y diseño lo cual puede favorecer o reducir la expresión de una conducta. Por ejemplo, se ha visto que aquellas vacas estabuladas que pasan 10 horas echadas o más, tienen una mejor salud podal que aquellas que pasan echadas 5 horas al día (Shearer 1998). Lo anterior nos hace pensar que la calidad de la cama donde permanecerán los animales estabulados es muy importante por el tiempo que los animales destinan a realizar esta conducta. Adicionalmente, en sistemas estabulados se ve aumentada la competencia por alimento y un lugar para descansar, por ende bajo estas condiciones debemos tener presente que por ejemplo si tenemos vacas cojas en el rebaño, estas serán menos exitosas que las no cojas (Wierenga 1991).

Recordemos que las vacas, independiente del sistema productivo en que se encuentren, realizan diversas actividades durante el día, lo cual es conocido como “presupuesto de tiempo”, este concepto se entiende como una cadena de respuestas de los animales a su medio ambiente (Grant y Albright 2000). Entre las actividades más relevantes para las vacas lecheras en términos de salud, bienestar y productividad se destacan: descanso, alimentación y rumia (Krawczel y Grant 2009). Sin embargo, este presupuesto puede variar de acuerdo al sistema productivo, por ejemplo bajo sistemas estabulados una vaca pasa aproximadamente la mitad de su día echada y la otra mitad de pie realizando diversas actividades, a pesar de ello existen factores como el tipo de cubículo o cama y el comportamiento de los animales frente a él que pueden influenciar su conducta (Tucker y Weary 2004). En condiciones de estabulación se describe que una vaca descansa en promedio 12-14 horas, está conducta de echado es muy importante y tiene beneficios del punto de vista productivo como aumento de los litros de leche producidos, debido al aumento del flujo sanguíneo a la glándula mamaria y al útero preñado en la lactancia final (Nishida y col 2004). También la conducta de echado promueve mayor eficacia en la rumia y menos estrés en la pezuña lo que resulta en menos cojeras (Grant 2007). Se ha descrito por ejemplo que vacas que han sufrido pequeñas modificaciones en sus camas, como cambiar una cama húmeda por una seca promueve en los animales la conducta de echado, con este cambio existió un aumento del tiempo que las vacas pasan echadas de 8,8 a 13,8 horas/día (Fregonesi y col, 2007). Así también, existen otros factores asociados a la infraestructura del sistema productivo que van a regulan la conducta de echado, como es la ventilación del lugar que va a influenciar la temperatura y la humedad relativa del ambiente y que es finalmente la que van a experimentar los animales. Autores han descrito que animales estabulados en corrales con altas temperaturas y humedad relativa (media de 21°C y HR de 68%), disminuyeron de 10,9 horas a 7,9 horas el tiempo que permanecieron echados (Cook y col, 2007). No debemos olvidar que los bovinos pueden discriminar entre un lugar y otro y experimentan preferencias conductuales, lo cual puede modificar su presupuesto de tiempo. Otro factor importante es el tamaño de las camas, se ha visto que en condiciones de estabulación las vacas pasan echadas por más tiempo (42 minutos extra) cuando se comparan cubículos más anchos con uno más angosto (126cm /106cm) y que en estos últimos los animales permanecen por más tiempo de pie con sus dos extremidades delanteras en el cubículo más angosto (Tucker y col, 2004). La profundidad de la cama también puede influenciar la conducta de echado, se ha demostrado que las vacas pasan en promedio 1,5 horas menos echadas cuando la cama por ejemplo no tiene suficiente arena comparada con otra que está llena hasta el borde y que por cada centímetro menos de profundidad las vacas reducen en 11 minutos su conducta de echado (Drissler y col, 2005). Sin embargo, debemos recordar que las preferencias de las vacas pueden ser complejas porque muchas veces prefieren un lugar para acostarse y/o descansar, otro para alimentarse y un tercero para sociabilizar con sus compañeros de grupo (Fraser y Mathews, 1997).  Por otro lado, en los sistemas pastoriles, las vacas pasan la mayor parte de su tiempo en la conducta de forrajeo; caminando de 2 a 8 km/día para pastorear (Broom y Fraser, 2009). Sin embargo, la frecuencia y distribución de los eventos de pastoreo en el ganado bovino van a depender del estado fisiológico de los animales y su entorno (Gregorini y col, 2006).

En resumen, es importante saber que las actividades de las vacas lecheras pueden variar en función del sistema productivo en que se encuentren, lo cual va a influir directamente en su bienestar y productividad, por lo cual es importante considerar los factores antes mencionados para asegurar el equilibrio entre ambos.

Acerca del autor(es)

Grisel Navarro

Médico Veterinario, MSc & PhD(c)
University of Queensland, Australia.
Especializada en Bienestar Animal.
Asesora Colun.