El agua es un recurso fundamental para la vida y forma parte de las actividades diarias de todos los seres vivos. Es vital para la subsistencia humana, tanto por su consumo directo como por su rol como recurso ecosistémico de alto valor. Es aprovechada en sus distintos estados físicos y por sus múltiples propiedades, lo que ha dado origen al desarrollo de disciplinas científicas y a marcos normativos que regulan su extracción, uso y disposición. Dado que el agua está presente en prácticamente todos los entornos, existe un creciente interés en su reutilización, mediante tratamientos que permiten recuperar sus características antes de asignarle un nuevo uso.

En este contexto, toda actividad que utiliza agua genera una huella asociada a su uso. Esta huella ha sido adoptada como un indicador de desempeño ambiental, ya que permite evaluar los impactos derivados del consumo y la contaminación del recurso. Su medición implica responsabilidades para los usuarios del agua, ya sea a través de regulaciones legales o de compromisos de responsabilidad socioambiental, con el fin de evitar la degradación de otros recursos, proteger los ecosistemas receptores y garantizar la disponibilidad para usos posteriores. El enfoque de este análisis se centra principalmente en el agua dulce, que es la utilizada en procesos de manufactura de productos y servicios.

AGROCOLUN Edición 81 | Huellas Ambientales [Parte 2] Un Rastro que hay que Reconocer y Medir: Huella de Carbono | AGROCOLUN Edición 81
Figura 1: Estero Traiguén sector Los Tambores, La Unión

El Agua en Procesos de Transformación

Los procesos de manufactura, en especial los de transformación de materias primas en alimentos, utilizan el agua de diferentes formas. Se usa en procesos de aseo de equipos, para la generación de vapor en calderas, como aguas recuperadas desde condensados para el aprovechamiento de calor y para enfriar otros líquidos mediante tratamientos indirectos. Asimismo, también puede formar parte de los propios productos finales, siendo parte agregada de la matriz del alimento. Luego, y fuera de los recintos, también es utilizada para riego de áreas verdes, plantas y árboles; desempolvado de calles; mitigación y apagado de incendios; y hasta para el transporte de otros elementos, cumpliendo así una multiplicidad de funciones en las operaciones.

Basándose en la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), la norma ISO 14046 “Evaluación de Huella de Agua” establece los principios y requisitos para llevar adelante un análisis centrado en los usos de agua y en los procesos que impliquen un cambio en su calidad, con el propósito de cuantificar los impactos potenciales de tipo ambiental relacionados con el recurso.

Básicamente, si se define una unidad funcional o un área de estudio, es posible identificar en ella entradas y salidas. Luego, dependiendo de su uso tanto en los procesos como en los productos finales, y de su presencia directa o indirecta, se va configurando el concepto de huella del agua. La derivación de los impactos que puede tener, dada su composición, calidad y cantidad, define el indicador de huella, dentro de un balance de masas, de entradas y salidas, debiendo ser éstas bien identificadas.

Finalmente, los indicadores que resultan del estudio efectuado, presentan una imagen del estado presente de las instalaciones y sus actividades, desde el punto de vista de cómo impactan en términos positivos o negativos al entorno, interactuando con los ecosistemas y la calidad de vida de los seres humanos (Fundación Chile, 2019).

Es así como de acuerdo con la citada norma, una evaluación de huella de agua permite a las organizaciones:

Identificar oportunidades para reducir los impactos ambientales potenciales, asociados con diversas etapas del ciclo de vida.

Favorecer la eficiencia hídrica y la gestión estratégica del riesgo relacionado con el uso de agua.

Proporcionar información con base en evidencia científica para la toma de decisiones.

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Figura 2: Planta Verde Los Tambores

Aplicación Práctica en Colun

La Cooperativa ha incorporado la evaluación de la huella de agua en sus procedimientos de análisis de desempeño ambiental, obteniendo certificaciones en tres versiones distintas del Acuerdo de Producción Limpia “Certificado Azul”.

La evaluación de la huella de agua, por ejemplo, en el sitio de Planta Verde Los Tambores, consideró los procesos propios del lugar, incluyendo no solo el agua directamente utilizada, sino también aquella contenida o requerida para elaborar los insumos, ingredientes, materiales y energéticos, incorporando además la gestión de servicios y áreas verdes externas, todo desde el punto de vista del ciclo de vida. Se definió como unidad funcional una tonelada de producto elaborado, permitiendo contrastar los resultados con líneas base anteriores para evidenciar la variación de indicadores como consecuencia de proyectos de mejora.

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Figura 3: Certificado Acuerdo de Producción Limpia
(APL) Certificado Azul en nivel 2 avanzado, Sitio
Industrial Los Tambores, 2025.

Entre los resultados obtenidos para el año 2024 y en comparación con el año base 2021, se registró una disminución en la extracción de agua subterránea del 20% y una reducción del consumo indirecto de agua del 4%, todo sobre la base de una tonelada de producto elaborado. Otras implicancias de este trabajo, se tradujeron en una baja del 63% en la huella hídrica total, una reducción del 1% en la huella de escasez hídrica, así como una disminución agregada del 8% de todos los indicadores específicos evaluados y aplicados. Esto se logró a partir de una serie de proyectos de eficiencia en el uso de agua, destacando entre otros, el sistema de reutilización de aguas tratadas para riego de áreas verdes como también la recuperación de condensado en calderas de vapor y sistemas de recuperación de aguas en procesos de producción.

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Figura 4: Riego con efluente tratado, Los Tambores.

Reflexión

El cálculo de la huella del agua es una herramienta de evaluación de impacto ambiental asociada al recurso hídrico, que permite identificar a través de un modelo de análisis de ciclo de vida los efectos generados por cómo se utiliza el agua, llevando el estudio más allá de la cuantificación, generando variados indicadores de desempeño.

Los resultados obtenidos a partir de la aplicación de esta metodología muestran un perfil de huella del agua de la instalación o sitio donde se aplique, determinante de una visión del estado de interacción del agua con el entorno. Así, la aplicación de estos conceptos y el desarrollo de medidas que apunten a un uso eficiente y estratégico del agua como recurso, son una vía válida como necesaria para una administración sostenible y consciente de ella, favoreciendo un funcionamiento con equilibrio y un sentido de protección superior del medio ambiente.

Referencias

Disponible en https://www.iso.org/obp/ui#iso:std:iso:14046:ed-1:v1:es